Atemperar los huevos es algo normal en recetas como las natillas, la crema pastelera o los helados. Para hacerlo, usa un bol refractario donde hayas puesto los huevos batidos y añade una pequeña cantidad del líquido caliente (leche o nata casi siempre) que te indique la receta sin dejar de batir.
Cuando esté mezclado, añade poco a poco esta mezcla templada en el cazo donde tengas el líquido caliente, poco a poco. Así evitaras que los huevos se cuajen al mezclarlos con un líquido caliente.
 
Pon el accesorio de varillas a la batidora o al robot de cocina y bate las claras a temperatura ambiente con una pizca de cremor tártaro (si no tienes, puedes sustituirlo por unas gotitas de limón) a velocidad media hasta que las claras estén esponjosas y el cremor tártaro se haya disuelto, más o menos un minuto.
Si tienes un bol de cobre, no es necesario que uses el cremor tártaro.
Si la receta requiere merengue suave, bátelas a velocidad media hasta conseguir un merengue opaco y espumoso, unos dos o tres minutos más. Para saber si está listo, cuando saques las varillas, el merengue formará picos suaves y redondeados.
Si por el contrario necesitas un merengue firme, bate uno o dos minutos más, hasta que las claras estén brillantes y, al levantar las varillas se formen picos rígidos y rectos.
Toque Bree: Procura no batir demasiado, o las claras se volverán granulosas y se separarán. Si te pasa, no hay manera de recuperarlas, tendrás que tirarlas y empezar otra vez.
 
Sujeta la vaina de vainilla con los dedos por un extremo y desliza, con cuidado, un cuchillo pequeño a lo largo de la vaina para abrirla.
Una vez abierta, rasca con cuidado cada mitad para desprender las semillas. Puede que tengas que insistir porque, al contener mucho aceite, puede que se peguen.
Toque Bree: No tires la vaina vacía, guárdala en un azucarero para aromatizar el azúcar.
 
Coloca un colador grande o un tamiz sobre un bol lo bastante grande como para no manchar fuera y echa en él los ingredientes secos que indique tu receta (harina, azúcar glas, etc.)
Si usas un colador, golpea suavemente el borde para hacer caer los ingredientes, si usas un tamiz, aprieta y suelta el asa repetidamente hasta vaciarlo.
El tamizar, por ejemplo, la harina, hace que sea más difícil que se formen grumos en las mezclas, puesto que la airea y suelta las partículas.
 
Coloca las varillas de batir en tu batidora y pon, en un bol grande para trabajar cómodamente, la mantequilla a temperatura ambiente y el azúcar que indique la receta que vayas a preparar. Bate la mezcla durante unos dos minutos a velocidad media hasta que esté ligera y esponjosa, como si fuera nata montada.
El color de la mezcla puede variar entre marfil y amarillo claro.
Esta es la mezcla que se ve habitualmente sobre los cupcakes, las magdalenas con coberturas de crema típicamente americanas (ya os pondré alguna recetilla más adelante).
 
Primero vierte la nata que vayas a montar fría en un bol de aluminio o de cristal. Para que monte mejor, enfría el bol antes de verter la nata. Añade las especias que indique tu receta ahora, como azúcar, vainilla, etc.
Pon el accesorio de montar en tu batidora y bate la nata a velocidad media-alta durante tres o cuatro minutos, hasta que, al sacar las varillas, se formen unos picos suaves en ellas.
Toque Bree: Si la nata se bate demasiado, se espesa, se granula y parece que se ha cuajado... si te pasa eso, añade un poco más de nata líquida y bate suavemente hasta que se formen los picos.
Imagen: thepinkpeppercorn