Pon el accesorio de varillas a la batidora o al robot de cocina y bate las claras a temperatura ambiente con una pizca de cremor tártaro (si no tienes, puedes sustituirlo por unas gotitas de limón) a velocidad media hasta que las claras estén esponjosas y el cremor tártaro se haya disuelto, más o menos un minuto.
Si tienes un bol de cobre, no es necesario que uses el cremor tártaro.
Si la receta requiere merengue suave, bátelas a velocidad media hasta conseguir un merengue opaco y espumoso, unos dos o tres minutos más. Para saber si está listo, cuando saques las varillas, el merengue formará picos suaves y redondeados.
Si por el contrario necesitas un merengue firme, bate uno o dos minutos más, hasta que las claras estén brillantes y, al levantar las varillas se formen picos rígidos y rectos.
Toque Bree: Procura no batir demasiado, o las claras se volverán granulosas y se separarán. Si te pasa, no hay manera de recuperarlas, tendrás que tirarlas y empezar otra vez.
 
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Para separar las yemas de las claras es siempre mejor que los huevos estén fríos y, para evitar que la cáscara se fragmente y se mezcle con el huevo, es mejor cascarlos sobre una superficie plana, como la encimera, en lugar de contra el borde del cuenco.
Para asegurarte de no estropear los huevos, prepara tres cuencos limpios y secos. Golpea el huevo y ponlo sobre el primer cuenco y separa con cuidado la parte superior de la cáscara. Deja que la clara vaya cayendo sobre el cuenco, y deja por el momento la yema y la parte de la clara que no se haya vertido dentro de la cáscara.
Con mucho cuidado ve pasando la yema de una parte a otra de la cáscara, dejando que la clara vaya resbalando en el cuenco hasta que te quedes sólo con la yema en la cáscara. Ten cuidado de no romper la yema en los bordes del huevo.
Vierte por último la yema en el segundo cuenco. Si vas a preparar un merengue con las claras es muy importante que no se mezcle ningún resto de yema con las claras. Un poco de yema, o cualquier otro tipo de grasa - como un resto de aceite en el cuenco - impedirá que las claras se monten.
Si has conseguido separar limpiamente el huevo, vierte la clara en el tercer cuenco antes de separar el siguiente huevo en el primer cuenco... de esta manera, si una de las yemas se rompe, sólo estropearás una clara, y no todas las que ya hayas separado.
Si alguna clara se mezcla con la yema, ya no servirá para montar... tíralo o resérvalo para hacer tortilla o huevos revueltos y lava bien el cuenco antes de seguir separando más huevos en él, para que no quede ningún resto de la yema rota.


 
Sujeta la vaina de vainilla con los dedos por un extremo y desliza, con cuidado, un cuchillo pequeño a lo largo de la vaina para abrirla.
Una vez abierta, rasca con cuidado cada mitad para desprender las semillas. Puede que tengas que insistir porque, al contener mucho aceite, puede que se peguen.
Toque Bree: No tires la vaina vacía, guárdala en un azucarero para aromatizar el azúcar.
 
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HARINA
Para la elaboración de dulces suele utilizarse harina de trigo del tipo 0. La 00 es más fina, pero precisamente por esto resulta menos indicada para algunos dulces típicos regionales o de masa elaborada, que tienden a hacerse pesados si la harina es demasiado fina y refinada. Para algunos dulces se utilizan también otras harinas - por ejemplo, de maíz, de castaña, de avena, etc. - que no permiten la fermentación de la masa. Para dulces que tienen que quedar blandos se aconseja mezclar siempre estas harinas con la harina de trigo. Además, en algunos casos la harina puede ser sustituida en un porcentaje variable por fécula de patata, almidón de maíz o de trigo. Si alguien no tolera el gluten podrá recurrir a las harinas especiales, que son cada vez más fáciles de encontrar.
Antes de ser utilizada, la harina siempre debe ser tamizada. Hay quien, además, la reparte sobre la placa del horno y la tuesta ligeramente, pero hay que tener cuidado con esto, ya que luego puede haber una diferenia de peso notable (conviene pesar la harina necesaria para la realización de una receta antes de pasarla por el horno).

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LEVADURA
Los tipos de levadura son esencialmente cuatro: de cerveza fresca, de cerveza seca, en polvo e instantánea. La levadura de cerveza fresca es la más utilizada por los panaderos; se trata de la levadura más eficaz, pero requiere tiempos de fermentación más largos. Al tratarse de un producto fresco, tiene una capacidad de conservación muy limitada. Para optimizar su uso es aconsejable desmenuzarla en un poco de leche o de agua tibia y añadirle una pizca de azúcar. Nunca debe entrar en contacto directo con la sal, porque anula su efecto.
La levadura seca se presenta en granos, y, dependiendo de los tipos, debe ser disuelta en agua o leche tibia antes de usarse, o bien mezclarse directamente con la harina y con una pizca de azúcar, al igual que la levadura fresca. Su tiempo de acción es medio-breve.
La levadura en polvo es la que se utiliza con mayor frecuencia. Suele tamizarse con la harina y su tiempo de acción es breve.
La levadura instantánea, similar a la anterior, actúa al instante, pero puede condicionar notablemente el sabor de la masa. Sin embargo, puesto que es muy práctica, conviene tener siempre algunos sobrecitos en casa.
La levadura es muy sensible a la humedad y a la temperatura ambiente, que pueden influir en su afecto. Comparte esta característica con la harina, y esto, junto con otros factores ambientales coincidentes, hace que resulte difícil establecer exactamente los tiempos de cocción. Como ya se ha apuntado, una gran enemiga de la levadura es la sal: no hay que olvidar añadir a la maña estos ingredientes en momentos diferentes.

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AZÚCAR, MIEL Y EDULCORANTE
El azúcar puede ser de remolacha - el más común - o de caña; éste último tiene un gusto más marcado y no se adapta a todas las recetas. Debe conservarse perfectamente seco, porque con la humedad se forman grumos y se disuelve con dificultad. A menos que se indique expresamente como ingrediente en una receta, no habrá que sustituir nunca el azúcar de uso común por el azúcar glas (este último, más fino y ligero, además de disolverse más fácilmente incluso en frío, es indispensable para la preparación de algunos glaseados, y puede comprarse o elaborarse en casa pasando por un molinillo de café limpio el azúcar común).
La miel, con un gran poder edulcorante, tiene el defecto de hacer excesivamente pesadas las masas, por lo que su uso debe ser calibrado de forma independiente en cada caso. Pude decirse lo mismo de la melaza y del jarabe de arce que, si bien combinan perfectamente con los crepes y las torrijas, no dan un resultado tan bueno si se utilizan como sustitutos del azúcar en una receta.
Quien tenga unas exigencias particulares y no desee renunciar al placer de un postre puede recurrir a edulcorantes de síntesis, algunos de cuales están adaptados incluso para los dulces que se cuecen; el sabor, no obstante, puede ser muy diferente del que proporciona el azúcar.

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HUEVOS
Siempre tienen que estar frescos y a temperatura ambiente. En las recetas se suelen considerar huevos de unos 60 gr. Para reconocer si un huevo es fresco, hay diversas fórmulas: si se ponen a contraluz presentan un halo central uniforme oscuro; si se agitan, no producen ningún ruido significativo, y cuando se rompen en un plato, muestran una yema con un buen relieve.
Los huevos se guardan en la nevera, con la punta hacia abajo, siempre alejados de otros alimentos que tengan olor o mucho sabor: la cáscara es porosa y podrían sufrir las consecuencias. También las claras que van a montarse a punto de nieve tienen que estar a temperatura ambiente; para facilitar la operación, se puede añadir una pizca de sal. El recipiente y el batidor tienen que estar completamente secos. Las claras a punto de nieve deben añadirse a la masa siempre como último ingrediente, y con un movimiento de abajo hacia arriba, para evitar que la mezcla pierda consistencia. Excepto en casos puntuales, las yemas deben batirse durante mucho rato con el azúcar para obtener una mezcla espumosa antes de incorporar el resto de los ingredientes.

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LECHE Y NATA
Para las recetas de repostería siempre se considera el uso de leche de vaca entera y fresca.
Es preferible utilizar la leche a temperatura ambiente, a menos que en la receta se indique que ha de utilizarse de otro modo. Salvo que se indique lo contrario, la nata no habrá de montarse. Donde se especifique "nata montada", se entiende que habrá de ser nata líquida montada en casa. Para un resultado óptimo, la nata que se vaya a montar debe estar muy fría, y también deben estar fríos el recipiente y el batidor; para ello, se introducirán en el congelador 20 minutos antes. Si se trabaja en un ambiente cálido, se recomienda colocar el recipiente en un segundo recipiente que contenga hielo picado. El azúcar (tanto si es fino como si no) tiene que añadirse casi al final de la preparación. Salvo que se indique otra cosa, la leche y la nata nunca habrán de calentarse hasta el punto de ebullición.

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CACAO Y CHOCOLATE
Salvo indicación contraria, se utilizará cacao amargo en polvo, tamizado con la harina. Una de las características del cacao, de hecho, es que se resiente mucho con la humedad, y por tanto forma unos grumos que difícilmente se disolverán. Cuando el cacao se utiliza para adornar, debe espolvorearse de forma uniforme sobre toda la superficie del dulce un instante antes de servirlo.
Normalmente el chocolate que se utiliza en la preparación de dulces es para fundir; se utiliza menos el chocolate blanco, en especial para la elaboración de dulces de cuchara.
Si la receta requiere chocolate líquido, es preferible fundirlo al baño María (previamente se cortará en trocitos y se rociará con un poquito de leche tibia).
Para rallarlo es mejor introducirlo en el congelador al menos un cuarto de hora antes, y luego utilizar un rallador con agujeros grandes.
En las tiendas puede encontrarse chocolate glaseado, en lágrimas o en virutas. Además, hay diversos tipos de chocolate, como por ejemplo el que tiene un bajo contenido en manteca de cacao (resulta adecuado para bizcochos, rosquillas, etc., pues los trozos permanecen enteros después de la cocción).

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FRUTA FRESCA
Más que un simple adorno, resulta un ingrediente esencial para la elaboración de muchos dulces que gustan a todos y que suelen vencer también la resistencia de aquellos que quieren guardar la línea.
Siempre debe ser de calidad, madura en su punto justo y sin imperfecciones. En caso de que sea necesaria la corteza - como suele ocurrir con el limón o la naranja - , no deberá haber sido tratada con antiparásitos o ceras.

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FRUTA SECA Y DESECADA
Nueces, almendras, avellanas, piñones y pistachos se utilizan pelados. Al tratarse de frutos oleoso, cuando se pican, tienen a quedarse pegados al recipiente donde se lleva a cabo la operación; por tanto, conviene agregarles antes una cucharada de harina o de azúcar, que absorberá el exceso de aceite. Se aconseja pasar por la trituradora la fruta seca para que se forme una masa.
La fruta desecada, como las pasas o los albaricoques, se añaden a la masa después de remojarlos en líquidos tibios (agua o té rojo) o bebidas alcohólicas (aguardiente, ron u otro producto cuyo sabor combine bien con los ingredientes de la receta).
La fruta desecada debe triturarse y pasarse por harina antes de ser añadida a la masa. Sólo estas dos precauciones evitarán que, durante la cocción, se deposite en el fondo del dulce.

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FRUTA CONFITADA
La corteza de los agrios y la fruta confitada se suelen utilizar para enriquecer la masa o para decorar la superficie de los dulces, y se pueden adquirir enteras o troceadas. Se añaden a la masa cuando el proceso ya está avanzado. Para que no caigan al fondo del dulce hay que rebozarlas en harina o en azúcar. Si se utilizan para decorar, y han de entrar en contacto con una crema muy fluida, habrán de añadirse en el último minuto, ya que de lo contrario la crema haría que se deshiciera el revestimiento externo de azúcar.

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ESENCIAS
Normalmente se venden en frasquitos en las tiendas de ultramarinos, en los supermercado y, en algunos casos, en herboristerías. Las esencias más comunes son la vainilla, el ron, el limón, los agrios mixtos y el café. Debido a su elevada concentración, habrá que utilizar sólo unas gotas.
Puesto que su función es la de dar aroma pero sin influir en la consistencia de la masa, la cantidad indicada en las recetas sólo es la aconsejada, y puede aumentarse o disminuirse al gusto. Es más raro el caso de las esencias polvo, como la vainilla, que se venden en bolsitas monodosis. Sin embargo, también la dosificación de las esencias en polvo puede modificarse a discreción y a gusto del creador del postre.

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ESPECIAS Y AROMAS
Muchos dulces requieren el uso de canela, clavos, azafrán, nuez moscada... Su sabor debe exaltar el gusto de la masa, pero no ahogarlo; por este motivo, se utilizan cantidades pequeñas. Para conservar en su totalidad las características del perfume y el sabor de las especias, es aconsejable molerlas o trocearlas justo antes de usarlas, y conservar el resto en recipientes oscuros, preferiblemente alejados de fuentes de luz y calor.
Un caso especial es el de la vainilla: se vende la vaina desecada, y normalmente hay que rascarla ligeramente y ponerla en infusión en leche caliente; el mismo fruto, escurrido y seco después de su uso, puede ser utilizado más de una vez, y se conservará en un recipiente de vidrio o en un azucarero, cuyo contenido se aromatizará. Cuando se quiera intensificar el sabor de la vainilla habrá que abrir el fruto.

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GELATINA, COLORANTES Y ADORNOS PREPARADOS
La gelatina - en hojas, en dados o en sobres - puede tener la función de dar consistencia a algunas preparaciones, en especial dulces de cuchara, o buen cubrir con una capa transparente y brillante costradas y pequeños dulces. Como alternativa, para enlucir pasteles y roscos, re puede recurrir a la mermelada de albaricoque extendida con un pincel. 
Los colorantes alimentarios después de un periodo en el que habían sido rechazados, están obteniendo ahora buena acogida, y son utilizados sobre todo para teñir la pasta de almendras y el azúcar glaseado que se utiliza para decorar los postres.
En las tiendas de ultramarinos, además, puede adquirirse un gran surtido de adornos de azúcar, de colores varios. En el momento de su suso, hay que recordar que los colores detiñen rápidamente cuando entrar en contacto con superficies húmedas.

Fuente: STRADA, ANNALISA. El gran libro de los postres, dulces, tortas y pasteles. Sonia Afuera Fernández (trad.) 1ª Ed. Barcelona; Editorial De Vecchi, S.A.U., 2.002. 223 p. ISBN: 84-315-2900-8
 
Coloca un colador grande o un tamiz sobre un bol lo bastante grande como para no manchar fuera y echa en él los ingredientes secos que indique tu receta (harina, azúcar glas, etc.)
Si usas un colador, golpea suavemente el borde para hacer caer los ingredientes, si usas un tamiz, aprieta y suelta el asa repetidamente hasta vaciarlo.
El tamizar, por ejemplo, la harina, hace que sea más difícil que se formen grumos en las mezclas, puesto que la airea y suelta las partículas.
 
Coloca las varillas de batir en tu batidora y pon, en un bol grande para trabajar cómodamente, la mantequilla a temperatura ambiente y el azúcar que indique la receta que vayas a preparar. Bate la mezcla durante unos dos minutos a velocidad media hasta que esté ligera y esponjosa, como si fuera nata montada.
El color de la mezcla puede variar entre marfil y amarillo claro.
Esta es la mezcla que se ve habitualmente sobre los cupcakes, las magdalenas con coberturas de crema típicamente americanas (ya os pondré alguna recetilla más adelante).
 
Primero vierte la nata que vayas a montar fría en un bol de aluminio o de cristal. Para que monte mejor, enfría el bol antes de verter la nata. Añade las especias que indique tu receta ahora, como azúcar, vainilla, etc.
Pon el accesorio de montar en tu batidora y bate la nata a velocidad media-alta durante tres o cuatro minutos, hasta que, al sacar las varillas, se formen unos picos suaves en ellas.
Toque Bree: Si la nata se bate demasiado, se espesa, se granula y parece que se ha cuajado... si te pasa eso, añade un poco más de nata líquida y bate suavemente hasta que se formen los picos.
Imagen: thepinkpeppercorn
 
Siguiendo con la inauguración de las secciones, tras hablaros sobre los elementos básicos de una batería de cocina, en este post inauguraré la sección "Cosas de Casa" con los útiles básicos de limpieza que debería haber en cualquier casa.
(Haz clic en las imágenes para ampliar y ver los diferentes modelos)
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ESCOBA Y RECOGEDOR
Es total y absolutamente imprescindible tener una escoba y un recogedor al menos en casa... hay de muchos tipos, y cuál elijas va en cuestión de gustos.
Escoba de fibras naturales: es más suave y se utiliza para interiores y superficies delicadas, como parquet, tarima, etc.
Escoba de fibras sintéticas: es más rígida que la anterior, pero la ventaja es que se puede mojar, así que nos servirá para barrer el baño y la cocina también. Dentro de este tipo las puedes encontrar más o menos rígidas... cuanto más suave, menos polvo levantarás al barrer.
Escoba de palma o mijo: es la típica que solemos ver en los pueblos, la de toda la vida, y se utiliza para superficies exteriores (patios, terrazas, etc)
También existen escobas con las cerdas de goma que funcionan bastante bien para las pelusas y los pelos de las mascotas, aunque pesan un poco más y es algo más incómodo barrer, ya que tienden a adherirse a los suelos cuando son nuevas.

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También puedes encontrar en el mercado distintos tipos de recogedores... con mango largo para utilizar de pie o de mano, totalmente de plástico o con un labio frontal de goma que evita que se escape el polvo por debajo al recogerlo, plegables e, incluso, con un cubo incorporado para no perder nada por el camino... y de nuevo, es cuestión de gustos la elección de uno u otro.
Si es el primer "equipo de barrer" que compras, mi consejo es que optes por lo más sencillo: una escoba de cerdas blandas para interior y un recogedor con palo para no tener que agacharte. Si con el tiempo ves que no encajan en tus gustos, compra unos diferentes cuando toque renovarlos... nada es eterno, y menos en una casa.
Para mantener tu escoba como nueva, basta con que sigas un par de sencillas recomendaciones:
- Déjala colgada de un escobero, o algún ganchito... si la apoyas sobre las cerdas, terminará por deformarse y no barrerá bien.
- Límpiala cuando termines de usarla, quitando las pelusas que queden adheridas con unos guantes o con la parte lateral que incluyen muchos recogedores, que es un borde aserrado para este fin. Si no lo haces, en poco tiempo dejará en su camino más suciedad de la que recoja.
También es conveniente limpiar cada cierto tiempo el recogedor con agua, un cepillo y un poquito de lejía.

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CUBO DE FREGAR Y FREGONA
Con el cubo de fregar y la fregona ocurre otro tanto, hay infinitas posibilidades, y de nuevo, mi recomendación es comenzar por lo más sencillo y después ir definiendo tus gustos o tus necesidades poco a poco... de nada sirve comprarse un cubo de fregar que parece un cohete y una fregona que parece propia de Harry Potter - vamos, que den ganas de subirse encima y hacer carreras - si no has fregado un suelo en la vida.
Respecto a los tipos de fregona, podemos encontrar de muchos tipos:
Fregona de algodón: Compuesta por hebras de algodón, es más pesada que las de microfibras.
Fregona de microfibras: Puede estar formada por hebras o bien por tira de tejido sin tejer. Puedes encontrarlas de tejido simple o con inserciones de goma, que ayudan a levantar la suciedad del suelo.
Fregona de esponja: Suelen tener un escurridor con un sistema de palanca. Se utilizan para absorver grandes cantidades de líquido y para superficies brillantes.

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Puedes encontrar en las grandes superficies diferentes tipos de cubos de fregar, además de los industriales, que no suelen estar en supermercados o bazares. Puedes elegir desde el cubo más básico a los que tienen unas pequeñas ruedas que te ayudarán a la hora de moverlo por la casa empujándolo con la fregona o los que tienen un escurridor plegable, que se cierra sobre la fregona para facilitar el escurrido. También existen conjuntos de cubo y fregona que cuentan con un sistema de centrifugado que se activa mediante un pedal, pero tanto el conjunto como los recambios de la fregona son más caros que los más básicos.
De nuevo, mi consejo es que si es tu primer cubo de fregar comiences con lo más basico... una fregona de tiras de microfibra y un cubo básico o con ruedas, y puedes ir probando nuevos tipos de cubo o fregona según vayas cogiendo más soltura en el mantenimiento de la casa.

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GUANTES
Aunque pienses que los guantes son para quien no se quiere estropear la uñas y que tu no eres tan fino o fina, en realidad son imprescindibles para evitar que tus manos entren en contacto con los productos de limpieza, que pueden resultar irritantes o incluso, si tu piel es delicada, provocar reacciones alérgicas.
Deberías tener al menos dos pares, uno que usarás en la cocina y otro par que sólo usarás en el baño. Por cuestiones de higiene, los útiles que uses en el baño deberían permanecer allí y no ser utilizados en el resto de la casa. Incluso es recomendable tener un cubo y una fregona extras sólo para el cuarto de baño.
Es importante que cuando compres tus guantes compruebes la talla (suelen tener en el paquete una medida para comprobar la talla con el ancho de tu mano) porque si los compras pequeños serán incómodos y si son grandes, se te saldrán y serán más un estorbo que una ayuda.
Hay también de muchos tipos y colores... finos que no estorban tanto el tacto en tareas delicadas como fregar la loza, otros de grosos medios aptos para tareas generales y otro tipo más grueso para tareas más pesadas o para protegernos de productos corrosivos. Incluso los hay de goma y tela, aptos para tareas de jardinería, y, por supuesto, los guantes desechables de latex, que pueden ser útiles para las tareas más finas o si las tallas habituales te suelen quedar pequeñas. Incluso puedes encontrarlos con aromas para minimizar el olor del latex o, aún más, con hidratante para cuidar tus manos.
Para conservarlos mejor, cuando termines de utilizarlos dales la vuelta y déjalos secar al aire... de vez en cuando espolvorea polvos de talco en la parte interior.

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ESTROPAJOS
De nuevo, como en los apartados anteriores, existen multitud de tipos de estropajos en el mercado entre los que elegir... para no alargarlo mucho os apuntaré que, igual que con otros útiles de limpieza, deberías tener un estropajo exclusivo para el cuarto de baño, que además debe ser más delicado que el de la cocina, para no rayar la loza de los sanitarios. Para la cocina, sería recomendable un estropajo normal, de los que suelen ser de color verde, y uno negro para los culos de las sartenes, o los fogones de gas... también los hay hechos de aluminio, pero para mi gusto son demasiado abrasivos, y pueden estropear las superficies sobre las que los utilices con facilidad.
Para conservarlos durante más tiempo y que no huelan mal, escúrrelos bien después de usarlos y déjalos en algún lugar donde no acumulen la humedad... existen en los bazares multitud de recipientes para los estropajos con una rejilla inferior para que no estén en contacto con la humedad que suelten.

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PLUMERO
Son una herramienta imprescindible para eliminar el polvo de tu casa... aunque puedes utilizar, si te es más cómodo, un trapo o una bayeta, conviene tener un plumero para sacar el polvo de las lámparas, la parte superior de los muebles o las esquinas superiores de las paredes, donde suelen aparecer alguna que otra telaraña. Hay cuatro tipos básicos de plumero... de plumas de ganso, de fibras o mopa - que acumulan mejor el polvo gracias a la electricidad estática, en lugar de moverlo como sucede con los de plumas - o de papel, con un mango plástico y cabezales desechables.

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TRAPOS Y BAYETAS
Deberías tener varios trapos y bayetas para diferentes usos, y nunca mezclar los del baño, la cocina y el polvo, así que lo mínimo serían dos bayetas (una exclusiva para el baño y otra para la cocina), un trapo o bayeta de microfibras para el polvo, y otra más para los cristales - suelen encontrarse en las grandes superficies como bayetas ecológica o bayetas "mágicas" - ... y si friegas los platos a mano, sería bueno tener una de buen tamaño para dejar que los platos escurran sobre ella.
A primera vista pueden parecer muchas para empezar, pero no querrás llevar la grasa de la cocina o la suciedad del baño por todos los muebles mientras pasas el polvo, y una bayeta que no suelte pelusa será muy útil para limpiar los cristales sin dejar marcas.
Respecto a los trapos, los mejores son los que están tejidos 100% en algodón, aunque una camiseta o una toalla vieja pueden dar los mismos resultados.

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OTROS ÚTILES
Además de toooooodo lo anterior, también necesitarás algunas cosillas más que, si bien pueden parecer evidentes, puedes darte cuenta que te faltan en el peor momento, por ejemplo...
- Bolsas de basura.
- Papel de cocina o rollos de celulosa para secar o abrillantar los cristales.
- Un barreño de pequeño tamaño, donde poner ropa en remojo o donde enjuagar la bayeta mientras limpias, para no estar dando paseos cada dos minutos a la cocina.
- Un delantal, si no te gusta mancharte la ropa o si no quieres pararte a cambiarte de ropa antes de cocinar o de limpiar.
- Una cesta con asa o un cubo, para poder llevar todo el equipo de limpieza por la casa sin tener que convertirte en un pulpo para cargar con todo o evitarte paseos inútiles.
- Un cepillo de cerdas plásticas para rascar manchas difíciles.

Bueno, pues con esto termina este post... quizá un poco largo, pero hay muchas cosas imprescindibles, jejejeje.
En un próximo post os hablaré de los productos de limpieza básicos... muchas veces compramos de más, y no hace falta tener el armario lleno de botes para tener nuestra casa como los chorros del oro.
 
Según la cocina y el horno que tengas, la batería es a largo plazo la mejor inversión que puedes hacer. Lo más lógico sería seleccionar unas cuantas piezas e ir completando tu batería a medida que sepas más sobre cómo te gusta cocinar.
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SARTENES PARA FREÍR
Estos recipientes disponen de paredes abombadas, lo que las hace más útiles para cocinar alimentos que tienen que moverse con frecuencia o deslizarse por la sartén. Para adaptarse a las recetas, es una buena idea tener dos: una sartén pequeña e unos 23 o 25 cm de diámetro y una más grande de 30 o 35 cm. Si sólo compras dos sartenes, procura tener una que sea antiadherente.

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SAUTÉ, O RUSTIDERA
Este tipo de sartén tiene paredes relativamente altas para evitar que los alimentos salten de la sartén cuando se fríen, giran o voltean. Las paredes pueden medir de 6 a 10 cm de alto, aunque las más populares son las de 7,5 cm. El diámetro de estas sartenes varía de 15 a 36 cm, así como su capacidad que va de 1 a 7 litros y de 2,5 a 4, que es la más útil para las comidas caseras. Los sauté se venden a menudo con una tapa, muy útil para evitar la evaporación en aquellas recetas que requieren una cocción lenta y prolongada. Por este motivo, los sautés son también muy adecuados para braseados o recetas que precisen gran cantidad de líquido.

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CAZO O CAZUELA
Estos recipientes redondos, de paredes rectas o ligeramente inclinadas, presentan diferentes capacidades entre 1 y 5 litros. Si estás cocinando para un sólo comensal, piensa en un cazo de 2 litros, es más versátil. Los cazos están diseñados para facilitar la evaporación y que las salsas espesen y cuezan adecuadamente. Los cazos de paredes rectas y altas son ideales para cocciones prolongadas porque el líquido no se evapora tan rápidamente.

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CAZUELA DE HORNO (PARA COCOTTE)
Grande, redonda u ovalada, con paredes rectas  dos asas, esta cazuela se usa para cocciones lentas como hervidos o braseados sobre el fuego o en el horno. La cazuela de horno tiene una capacidad que varía entre 4 y 12 litros, pero se recomienda una de 8 o 9 litros para la mayoría de las cocciones caseras.

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OLLA
A veces llamada olla de cocido, se trata de una olla alta y estrecha diseñada para una evaporación mínima durante la larga y lenta cocción de caldos, sopas y estofados. Para una cocción más eficaz, suelen estar hechas de acero de grueso calibre y son pesadas. Las más pequeñas tienen unos 8 litros de capacidad, aunque muchos cocineros consideran qu las de 10 a 12 litros son las más útiles. Las ollas de cocido pueden usarse también para hervir las grandes cantidades de agua necesarias para cocer pasta, langosta y mariscos grandes, así como mazorcas de maíz.

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FUENTE PARA ASAR
Este recipiente grande y rectangular tiene las paredes bajas para permitir que el calor del horno llegue a la mayor parte del alimento mientras éste se asa. Para asados o aves enteras, elige una de material pesado para evitar que se quemen los jugos y la comida del fondo. Aunque las fuentes con recubrimiento antiadherente se lavan fácilmente, una superficie regular favorece que se peguen restos tostados durante el asado, con los que se obtiene una salsa más sabrosa y oscura.

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REJILLAS PARA ASAR
Las rejillas de asar metálicas se colocan dentro de las fuentes para mantener piezas grandes de carne o aves enteras separadas de los jugos de la bandeja, con lo que permiten que se doren mejor sin necesidad de darles la vuelta. Ello también fomenta la formación de jugos más claros en la fuente, que contribuye a que la salsa sea más sabrosa. Una rejilla de asar en forma de V es muy útil para las aves. Una plana ajustable puede utilizarse para asar productos más pequeños. Las rejillas con recubrimiento antiadherente se limpian con más facilidad.

Fuente: WILLIAMS-SONOMA, Inc. Utensilios y técnicas de cocina. Cármen Suarez Menéndez (trad.) 1ª Ed. Barcelona; Círculo de Lectores, 2.008. 350 p. ISBN: 978-84-672-3073-4.
 
Con esta receta inauguro la sección de "Cocina de Supervivencia" y la he titulado Boloñesa de emergencia porque la receta que hago da para 12 raciones, así que, como en casa somos 3 a comer, pues congelo cuatro tuppers y así, cuando no me apetece hacer comida o me surge una emergencia, sólo tengo que cocer algo de pasta y descongelar un tupper de salsa y listo, unos tallarines a la boloñesa para chuparse los dedos :)
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INGREDIENTES:
  • 2 cebollas grandes
  • 1 pimiento verde
  • 4 dientes de ajo
  • 750 gr. de carne picada mezcla de ternera y cerdo
  • 1 lata de 800 gramos de tomate triturado
  • azúcar
  • sal
  • orégano (de la maceta que tengo en la ventana, que está riquísimo, jejeje)
  • nuez moscada
  • sazonador de espaguetti (yo uso el de Mercadona, que lleva albahaca, orégano, sal, tomate deshidratado, cebolla y pimienta negra)
  • 150 gr. de chorizo (si es ahumado, está más rico)

PREPARACIÓN:
Pica las cebollas, el pimiento y los dientes de ajo muy finitos, para que no se noten mucho en la salsa al comer. Ponlos a pochar en una tartera con un chorrito de aceite de oliva, hasta que la cebolla esté doradita. Si le añades un pellizco de sal ahora, la verdura sudará (expulsará más deprisa el agua que contiene) y se cocinará antes.
Mientras se pocha la verdura, pica el chorizo en trozitos o, mejor, quítale la piel y deshaz el relleno con las manos, como si fuera un picadillo de chorizo, así tendrá la misma textura que la carne y quedará más uniforme la salsa. Añade la carne y el chorizo cuando la verdura esté lista y sazónalo con el orégano, y una pizca de nuez moscada y añade el sazonador de espaguettis al gusto, con una cucharadita de café será suficiente. Yo le añado además el orégano que cultivamos en casa, que le da un aroma mucho más intenso que el de bote. Con una paleta ve dándole vueltas y picando bien la carne para que se suelte mientras se cocina.
Cuando la carne esté hecha, sin llegar a dorarse (ya no se ve roja) añade la lata de tomate crudo, una cucharada sopera de azúcar (para que pierda la acidez del tomate) y deja que cueza a fuego lento durante, por lo menos, 20 minutos.
Cuando lleve unos 20 minutos cociendo, pruébalo y rectifica la sal, para que no quede la salsa dulce y deja que siga hirviendo a fuego lento, removiendo de vez en cuando, hasta que el tomate tenga la consistencia del tomate frito de bote de toda la vida.
Cuando esté lista, sólo tienes que repartirla en varios envases y meterla al congelador, y podrás preparar una pasta bien rica en cualquier momento - también puedes rellenar patatas asadas, montar una lasaña, o preparar un pastel de puré de patatas o lo que se te ocurra - , sin manchar nada y sin perder una hora en la cocina.

¡Que aproveche!